La procreación animal no deja de ser un acto natural, pero no por natural no quiere decir que no sea objeto de estudio por su diferencia con la procreación humana. Por poner un ejemplo de caso curioso y digno de estudio: el tapir.

El tapir es, según la wikipedia , un mamífero del orden que los caballos, con los que están lejanamente emparentados, y los rinocerontes, que son sus parientes vivos más cercanos).

El tapir tiene una forma habitual en los mamíferos de practicar el coito, es decir, montar a la hembra. Pero, como dice la sabiduría popular, cuando un tapir está en celo, mejor aparta tu agujero, porqué el pene de un tapir en celo es tan largo como sus patas traseras y le roza el suelo. Es tan largo, que le cuesta mantenerlo erecto (casi necesita más sangre que los de Urgencias y Hospital Central en un día malo) y debe hacer varios intentos para lograr llegar a la vagina de la hembra. Por tanto, no estaríamos hablando de un animal de pene del tipo Rocco, sino más bien de pene del tipo africanus enormus flacidus.

En este vídeo podemos ver las andanzas de una pareja de tapires en celo, aunque creo que el macho sólo quiere jugar a meter la puntita, porqué no existe penetración (el vídeo es S pues y no X). Por cierto, muy incorrecto que no les haya pixelado la cara a los pobres tapires, que ahora son el hazmerreir de su manada.

YouTube Preview Image